Accidente deja daños

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Choque en el centenario

 

- Accidente deja daños - merida

 

Dos accidentes ocurridos en la jornada de ayer dejaron cuantiosos daños, por fortuna ningún herido grave y en uno de ellos la presunta petición de “arreglo” de agentes de la SSP.

En el primero, dos autos, un Spark y un Jetta, al mediodía tuvieron un accidente en la calle 59 con 84 del centro. Uno de los autos chocó, además, con el exhibidor de una gasolinera.

“No, bendito sea Dios no hubo lesionados”, dijo una trabajadora de la gasolinera, quien con una escoba limpiaba los cristales rotos que dejó el vehículo.

Según la conductora del Spark placas ZAV-25-45, transitaba por la calle 84 y al llegar al cruce con la calle 59 se detuvo para hacer su alto, vio que ningún vehículo se acercaba y atravesó la vía.

En ese momento, dijo, el conductor del Jetta placas YZK-65-06 puso en marcha su vehículo y chocó con la parte trasera del Spark, cuya conductora perdió el control de su vehículo y se proyectó a la gasolinera, donde derribó un estante lleno de aceites y productos en venta.

Al principio, las partes no llegaban a un acuerdo; la mujer reclamaba que el Jetta no estaba en movimiento y arrancó de repente, pero el conductor del Jetta alegaba que tenía preferencia.

“Ya está la policía aquí, están pidiendo $8,000 para que no se lleven el carro al corralón“, dijo el presunto dueño de un auto que ayer por la tarde fue hallado en el monte de la vía Mérida-Molas.

El accidente ocurrió a la altura de la Japay, en la curva de Cuxtal, donde al parecer el conductor de un Neón, cuyas placas no se apreciaban, manejaba ebrio y a la altura de dicha curva perdió el control y terminó en el monte, dañando dos “fantasmitas.”

Al lugar llegó un auto Chevy y dijeron ser los hijos del conductor del Neón y les habían avisado que el vehículo estaba ahí, por lo que no sabían ni dónde estaba su padre.

También se hicieron presentes agentes de la Secretaría de Seguridad Pública, quienes al principio no tenían acordonada la zona, pero cuando vieron que el reportero se acercaba al auto, dentro el monte, lo reprendieron indicándole que no podía pasar.

Los hijos del “conductor” llamaban por teléfono y pedían $8,000, pues era el “precio” que la policía dio para que el auto no terminara en el corralón y pudieran “solucionar en el lugar.”

Al cuestionarle al capitán Aurelio, como se identificó el oficial a cargo, sobre dicho dinero, el agente negó que hubiera pedido efectivo y enseguida ordenó a otro oficial acordonar el lugar con cinta y dijo: “Ya está viniendo peritos para solucionar”.

Después de la llamada telefónica, las personas se acercaron a los policías, platicaron un momento y se retiraron en el Chevy en el que llegaron.

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